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¿Porque tropezamos dos, tres, cuatro, cinco…veces con la misma piedra?

¿Porque el hombre es el único animal que tropieza dos, tres, cuatro, cinco…… veces con la misma piedra?

¿Cuantas veces emprendemos la misma clase de relaciones, tenemos las mismas discusiones, nos topamos con el mismo tipo de jefe…?, en definitiva parece que seguimos un patrón repetitivo de acciones.

¿Acaso no nos sirve la experiencia? o ¿Es que no tenemos capacidad de aprendizaje?. Parece que hay una explicación científica para ello y la buena noticia, como siempre… todo lo que necesitas para cambiarlo está dentro de ti¡

La fuente de todo reside en nuestro cerebro límbico, que es el que desempeña el papel tradicionalmente atribuido al corazón. Rige las emociones, la afectividad y la comunicación con los demás. Es también la sede del inconsciente y desarrolla las funciones de la memoria, y como consecuencia el aprendizaje.

Para quien se pregunte si es que acaso tenemos varios cerebros, la respuesta es si. El ser humano cuenta con tres cerebros: el Reptiliano encargado de nuestra supervivencia, el Cortex donde reside el conocimiento y el Límbico.

Según parece nuestro cerebro puede ser programado no sólo por las experiencias repetidas ( así aprendemos), sino también por las circunstancias extremas. Por ejemplo, una única dosis de cocaína puede aprestar al sistema a que reaccione con un gran antojo cuando se le presenta en otra ocasión. Los cambios en el cerebro y el aprendizaje asociativo pueden también ser resultado de una experiencia traumática. La tecnología por imagen hace posible observar al cerebro en acción, revelando cómo con el trauma cambian ,la estructura y la función del mismo.

Pero hay aún más en la respuesta emocional que sólo este esquema. El neurólogo Candace Pert defiende que cada emoción que sentimos circula por nuestro cuerpo en forma de elementos químicos llamados “neuropéptidos”, aminoácidos de cadena corta o proteínas que le hablan a cada célula de nuestro cuerpo. Las investigaciones sugieren que estas moléculas de emoción tienen un significativo rol de guía en lo que vivenciamos como percepción y elección consciente.

Nuestras emociones deciden a qué vale la pena prestar atención. Los receptores (de nuestra red de información bioquímica corporal) ,median en la decisión respecto a qué se torna en pensamiento, qué surge a la consciencia y que permanece en el cuerpo como patrón de pensamiento enterrado a nivel más profundo.

Las células tienen receptores alrededor de su pared exterior, donde se descargan las sustancias químicas.

Una de las sustancias fabricadas por el cerebro son los neuropéptidos llamados endorfinas y estas son consideradas como moléculas de la emoción.

Lo que sentimos, cada emoción, produce una sustancia química o un compuesto químico especifico que se corresponde a la emoción. Esas sustancias químicas o neuropéptidos, constituyen una cadena de aminoácidos formados por proteínas que se elaboran en el hipotálamo.

El hipotálamo es como una pequeña fábrica donde se producen ciertas sustancias químicas que se corresponden con ciertas emociones que experimentamos. Esto significa que cada emoción lleva asociada una sustancia química y la absorción corporal de dicha sustancia por parte de las células es lo que suscita el experimentar la emoción.

El hecho es que cuando los sitios receptores sufren constante bombardeo de péptidos, pierden sensibilidad y se requieren más péptidos para estimularlos. De hecho, los receptores diseñados para recibir neuropéptidos, empiezan a reclamarlos. En este sentido, nuestros cuerpos son adictos a los estados emocionales. Cuando pasamos experiencias repetidas que generan la misma respuesta emocional, nuestros cuerpos desarrollan un apetito por este tipo de experiencias. Como adictos, atraemos experiencias que nos aportan la ansiada dosis emocional.

Lo que significa que no es que tropecemos una y otra vez con la misma piedra, sino que buscamos esa piedra una y otra vez, para saciar nuestra adicción emocional a través de experiencias ya vividas.

Evidentemente y para que este patrón se rompa hay que generar estados emocionales diferentes y fortalecerlos a fin de que el apetito emocional se redirija y enfoque hacia la consecución de nuestras metas.

Esta es una de las competencias que desde Coaching Inspiracional desarrollamos en Inteligencia Emocional con el fin de aprender a afinar la herramienta que nos impulsa.

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